La Virgen de los Reyes, patrona de la ciudad de Sevilla y de su Archidiócesis, es una de las advocaciones marianas más queridas y veneradas por los fieles sevillanos. Su festividad se celebra cada 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, con una tradicional procesión que reúne a miles de personas en el corazón de la ciudad. Coronada canónicamente en 1904, fue la primera imagen mariana de Andalucía en recibir este reconocimiento y la segunda de España. Bajo su amparo y protección, nuestro Seminario Redemptoris Mater desarrolla su misión de formar sacerdotes para la nueva evangelización al servicio de la Iglesia.
La historia de Nuestra Señora de los Reyes está profundamente ligada a la figura de Fernando III de Castilla, san Fernando, patrón de Sevilla y monarca que conquistó la ciudad en 1248, poniendo fin al periodo de dominio musulmán. Según cuenta la tradición, cuando el ejército cristiano se encontraba en los últimos momentos del asedio de Sevilla, Fernando III tuvo una visión de la Virgen María con el Niño en sus brazos. En aquella aparición, la Virgen le habría anunciado que finalmente conseguiría entrar victorioso en la ciudad.
La Virgen de los Reyes, patrona de la ciudad de Sevilla y de su Archidiócesis, es una de las advocaciones marianas más queridas y veneradas por los fieles sevillanos. Su festividad se celebra cada 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, con una tradicional procesión que reúne a miles de personas en el corazón de la ciudad. Coronada canónicamente en 1904, fue la primera imagen mariana de Andalucía en recibir este reconocimiento y la segunda de España. Bajo su amparo y protección, nuestro Seminario Redemptoris Mater desarrolla su misión de formar sacerdotes para la nueva evangelización al servicio de la Iglesia.
La historia de Nuestra Señora de los Reyes está profundamente ligada a la figura de Fernando III de Castilla, san Fernando, patrón de Sevilla y monarca que conquistó la ciudad en 1248, poniendo fin al periodo de dominio musulmán. Según cuenta la tradición, cuando el ejército cristiano se encontraba en los últimos momentos del asedio de Sevilla, Fernando III tuvo una visión de la Virgen María con el Niño en sus brazos. En aquella aparición, la Virgen le habría anunciado que finalmente conseguiría entrar victorioso en la ciudad.
Profundamente impresionado por aquella experiencia, el rey quiso conservar el recuerdo de lo que había contemplado y encargó una imagen que reprodujera con la mayor fidelidad posible el rostro de la Virgen. Varios escultores intentaron realizarla siguiendo las indicaciones del monarca, pero ninguno consiguió representar aquello que san Fernando conservaba en su memoria.
La leyenda relata que, tiempo después, llegaron al campamento cristiano tres peregrinos que afirmaron ser escultores y se ofrecieron a realizar la imagen.
Únicamente pidieron una condición: trabajar completamente solos y sin ser molestados. Para ello se retiraron a una torre cercana. Mientras permanecían allí, una sirvienta escuchó extraños cantos procedentes del interior. Movida por la curiosidad, miró por la cerradura y descubrió que aquellos hombres, en lugar de trabajar la madera, se encontraban entonando plegarias. Sorprendida, corrió a comunicar al rey lo que había presenciado.
Fernando III acudió entonces al lugar y, al entrar, encontró terminada la imagen de la Virgen. Sus rasgos coincidían con los de aquella Señora que había contemplado en su visión. Los tres peregrinos, sin embargo, habían desaparecido. Fue entonces cuando se interpretó que aquellos misteriosos escultores eran en realidad tres ángeles, y que la imagen había sido realizada de manera milagrosa.
La talla fue colocada posteriormente en la capilla del Alcázar y recibió el nombre de Nuestra Señora de los Reyes, advocación con la que continúa siendo venerada como patrona de Sevilla.
La devoción de san Fernando hacia esta imagen fue tan profunda que el monarca dejó dispuesto en su testamento su deseo de ser enterrado a sus pies en la Catedral de Sevilla.
La tradición relaciona también con estos acontecimientos otras tallas medievales conocidas como imágenes fernandinas, que presentan rasgos y característicassemejantes. Entre ellas se encuentran la Virgen de las Aguas, la Virgen de los Reyes de los Sastres, conservada en la iglesia de San Ildefonso, y otra imagen vinculada a esta tradición que se encuentra en el monasterio de San Clemente.
Profundamente impresionado por aquella experiencia, el rey quiso conservar el recuerdo de lo que había contemplado y encargó una imagen que reprodujera con la mayor fidelidad posible el rostro de la Virgen. Varios escultores intentaron realizarla siguiendo las indicaciones del monarca, pero ninguno consiguió representar aquello que san Fernando conservaba en su memoria. La leyenda relata que, tiempo después, llegaron al campamento cristiano tres peregrinos que afirmaron ser escultores y se ofrecieron a realizar la imagen.
Únicamente pidieron una condición: trabajar completamente solos y sin ser molestados. Para ello se retiraron a una torre cercana. Mientras permanecían allí, una sirvienta escuchó extraños cantos procedentes del interior. Movida por la curiosidad, miró por la cerradura y descubrió que aquellos hombres, en lugar de trabajar la madera, se encontraban entonando plegarias. Sorprendida, corrió a comunicar al rey lo que había presenciado.
Fernando III acudió entonces al lugar y, al entrar, encontró terminada la imagen de la Virgen. Sus rasgos coincidían con los de aquella Señora que había contemplado en su visión. Los tres peregrinos, sin embargo, habían desaparecido. Fue entonces cuando se interpretó que aquellos misteriosos escultores eran en realidad tres ángeles, y que la imagen había sido realizada de manera milagrosa.
La talla fue colocada posteriormente en la capilla del Alcázar y recibió el nombre de Nuestra Señora de los Reyes, advocación con la que continúa siendo venerada como patrona de Sevilla.
La devoción de san Fernando hacia esta imagen fue tan profunda que el monarca dejó dispuesto en su testamento su deseo de ser enterrado a sus pies en la Catedral de Sevilla.
La tradición relaciona también con estos acontecimientos otras tallas medievales conocidas como imágenes fernandinas, que presentan rasgos y característicassemejantes. Entre ellas se encuentran la Virgen de las Aguas, la Virgen de los Reyes de los Sastres, conservada en la iglesia de San Ildefonso, y otra imagen vinculada a esta tradición que se encuentra en el monasterio de San Clemente.
Santa Gema Galgani fue una joven mística italiana que vivió entre 1878 y 1903, destacando por su profunda vida espiritual, su amor a Cristo crucificado y su intensa experiencia de oración. Vinculada espiritualmente a la Congregación de la Pasión de Jesucristo (Pasionistas), es considerada una de las figuras más significativas de la espiritualidad católica de finales del siglo XIX. Su testimonio de fe, marcado por una gran confianza en Dios y una entrega total a su voluntad, continúa siendo fuente de inspiración para numerosos fieles en todo el mundo. Canonizada en 1940, la Iglesia la venera como ejemplo de santidad vivida en la sencillez y en el amor a Cristo.
«Jesús, soy fruto de tu Pasión,
un capullo de tus llagas.
Recordemos que somos discípulos
de aquel Jesús que tanto sufrió.
No basta con tener la cruz ante los ojos, con llevarla sobre nosotros;
hay que llevarla en medio del corazón».(Santa Gema)
Oh Dios, que hiciste de la Virgen Santa Gema Galgani
imagen de tu Hijo crucificado,
concédenos, por su intercesión,
participar de los sufrimientos de Cristo,
para merecer ser asociados a su gloria.
Santa Gema Galgani fue una joven mística italiana que vivió entre 1878 y 1903, destacando por su profunda vida espiritual, su amor a Cristo crucificado y su intensa experiencia de oración. Vinculada espiritualmente a la Congregación de la Pasión de Jesucristo (Pasionistas), es considerada una de las figuras más significativas de la espiritualidad católica de finales del siglo XIX. Su testimonio de fe, marcado por una gran confianza en Dios y una entrega total a su voluntad, continúa siendo fuente de inspiración para numerosos fieles en todo el mundo. Canonizada en 1940, la Iglesia la venera como ejemplo de santidad vivida en la sencillez y en el amor a Cristo.
«Jesús, soy fruto de tu Pasión,
un capullo de tus llagas.
Recordemos que somos discípulos
de aquel Jesús que tanto sufrió.
No basta con tener la cruz ante los ojos, con llevarla sobre nosotros;
hay que llevarla en medio del corazón».(Santa Gema)
Oh Dios, que hiciste de la Virgen Santa Gema Galgani
imagen de tu Hijo crucificado,
concédenos, por su intercesión,
participar de los sufrimientos de Cristo,
para merecer ser asociados a su gloria.